1 de diciembre de 2012





Lo realmente bueno nunca ha sido fácil.




Hoy me siento genial, me siento con ganas de comerme el mundo. De salir y pisar fuerte con cada paso, dejar huella y sentirme viva. Porque ahora es cuando me da exactamente igual el ayer y solo me preocupo lo justo del futuro, quiero disfrutar del presente. Porque en nada de tiempo me he dado cuento de la velocidad con la que pasan los años, me he dado cuenta de que los últimos 6 meses se me han pasado como un suspiro, sin apenas disfrutarlos, sin fijarme en los pequeños detalles… Pero hay algo que no se me ha pasado de largo: las personas que han estado a mi lado en todo este tiempo y aquellas que solo venían cuando querían algo de mí, también han aparecido otras sin las que no concibo la vida de nuevo sin ellas… Esas son las cosas que me dan vida, que me hacen ser más fuerte con cada respiración, con cada pestañeo y con cada paso, esas que me ayudan a levantarme cuando me caigo, o otras que me cogen en el mismo tropiezo… Pero ¿sabéis algo? No dejare que me vuelva a ocurrir. Ahora voy con la cabeza bien alta, con unos tacones que me hacen sentirme aun más poderosa y con ganas de comerme el mundo, eso es, hoy me comeré el mundo, comenzando por mi preciosas ciudad: Madrid; y con la mejor compañía: mis amigas.





Aquel que dijo más vale tener suerte que talento, conocía la esencia de la vida. La gente tiene miedo a reconocer que gran parte de la vida depende de la suerte. Asusta pensar cuantas cosas se escapan a nuestro control. En un partido hay momentos en que la pelota golpea el borde la red y durante una fracción de segundo puede seguir hacia adelante o caer hacia atrás. Con un poco de suerte sigue adelante y ganas o no lo hace y pierdes.





Me he dado cuenta que he tenido tanto miedo de las cosas malas, que me he perdido las buenas.




La tierra giró para acercarnos, giró sobre sí misma y en nosotros, hasta juntarnos por fin en este sueño.


Datos personales

Mi foto
No puedo vivir sin música, y mucho menos sin reírme mucho cada día. Me encanta hacer el tonto y cometer locuras. Se me da mejor escuchar que hablar. Creo que un beso, un abrazo o una caricia son lo que me hacen ser más fuerte cada día. Que vale la pena sonreír por las cosas más pequeñas e insignificantes, y sin duda alguna hay que cometer errores para aprender de ellos más tarde. Por lo demás soy la chica más normal del mundo.